Federico Carabajal es el único argentino que, desde hace dos años, desempeña su profesión de Ingeniero Agrónomo en la República Popular China. Cuenta con una diplomatura de posgrado en Derecho y Economía Vitivinícola, una Maestría en Viticultura y Enología (UNCuyo), y un Máster en Negocios y Administración (UMaza).
Actualmente trabaja como jefe de enología para el grupo de bodegas Penfolds, una compañía australiana con presencia en las principales capitales vitivinícolas del mundo y que, recientemente, comenzó a elaborar vinos en la región de Ningxia, conocida como la “Burdeos de Oriente”.
Durante su estadía en Argentina, el joven oriundo de Rivadavia estuvo en Este Online para repasar los desafíos y aprendizajes en el país oriental. Su mirada optimista sobre el futuro de su trabajo y sobre la evolución de la industria vitivinícola de China en las últimas décadas.
¿Por qué decidiste trabajar profesionalmente en China?
—Principalmente fue por motivos de viaje, ya que mi sueño era viajar y conocer China. A lo largo de mi carrera profesional y como estudiante, me di cuenta que la vitivinicultura de China estaba creciendo. Mientras estaba trabajando en Chandon en Argentina, observé que la empresa tenía dos bodegas en China, por lo que despertó aún más mi interés y comencé a indagar para trabajar en la vitivinicultura de ese país.
Además de trabajar en China, anteriormente tuviste la oportunidad de hacerlo en bodegas de Mendoza, de Latinoamérica y España.
—Empecé en el INV (Instituto Nacional de la Vitivinicultura) en el Este de Mendoza. Después en la bodega Trapiche del grupo Peñaflor y mi último trabajo en Argentina fue en Chandon. Después estuve trabajando en una pequeña bodega de Colombia, tres años en Estados Unidos (California, Pennsylvania y Oregón), y durante mis estudios gané una beca de intercambio para trabajar en el Centro Andaluz de Investigaciones Vitivinícolas de Cádiz, en España.
En base a tu experiencia en otros países, ¿qué diferencia encontrás en China con respecto a la industria del vino?
—Lo más marcado es la cultura en el trabajo, porque la elaboración de vino se realiza de la misma forma, pero siguiendo el estilo de los países vitivinícolas y con base en el método del Viejo Mundo, sobre todo de Francia. Pero el trabajador chino y su cultura del trabajo en la industria vitivinícola, que es bastante nuevo, fue lo más llamativo y al mismo tiempo todo un desafío.
¿La mayoría de las cepas en China son francesas?
—Sí, cultivan casi lo mismo que en Argentina, con la diferencia de que están potenciando la variedad de uva tinta francesa Marselan, que es un cruce entre los varietales Cabernet Sauvignon y Grenache (Garnacha).
¿Ningxia es una de las zonas más emergentes y prometedoras del mundo?
—Sí. Ningxia, al igual que Yunnan y Yantai en la provincia de Shandong, son tres de las regiones vitivinícolas más importantes de China. En Ningxia hay bodegas de renombre mundial, y grupos como Penfolds, que es donde trabajo actualmente. Se trata del tercer grupo de bodegas más grande del mundo, de origen australiano, con bodegas en Italia, Francia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia y ahora en China. Además hay grupos de bodegas chinas que son enormes.
DATO: El Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales anunció la creación de una “Zona piloto integral para el desarrollo de la uva y el vino” en Ningxia. El ambicioso plan contempla 66.667 nuevas hectáreas de viñedos, una capacidad de 300 millones de botellas anuales y una facturación proyectada de más de 15.000 millones de dólares para el próximo quinquenio. Para 2035, se espera duplicar esa producción. Hoy existen en estas áreas ganada al desierto más de 40.000 hectáreas plantada con viñedos que producen anualmente unas 140 millones de botellas, siendo la mayoría de ellas exportadas hacia distintos puntos del globo.
En 1984, el gobierno chino inició un ambicioso plan para combatir la desertificación y erradicar la pobreza mediante la agricultura y la introducción del viñedo: ¿Es por esta razón que la vitivinicultura de China ha evolucionado tanto en estos últimos años?
—Muy buena pregunta. La verdad que lo que estoy viviendo y lo que he estado aprendiendo durante mi experiencia, es que durante esa etapa es cuando resurge la vitivinicultura en China. La agricultura y la producción de vinos ha cumplido un rol fundamental, obviamente con un gran apoyo y aporte del gobierno, que aun sigue promoviendo y ayudando para la apertura de nuevas bodegas.
Ningxia es una zona caracterizada por fríos intensos, con hasta veinticinco grados bajo cero. ¿Cómo es la técnica inusual, y conocida mundialmente, que utilizan para la supervivencia de los viñedos?
—El clima de Ningxia es muy parecido al de Mendoza, con la diferencia de que los inviernos son muy fuertes. Por ese motivo, es que tenemos enterrar y desenterrar los viñedos para protegerlos de estas temperaturas extremas. Esta técnica lleva mayor mano de obra e implica un alto costo operativo. Es una de las pocas zonas que se realiza en el mundo, ni siquiera lo vi en Pennsylvania, donde los fríos también eran intensos.
MÁITÉNG: El entierro de las vides no es una simple curiosidad técnica; constituye una parte fundamental del calendario agrícola. Permite conservar cepas europeas como Cabernet Sauvignon, Merlot o Chardonnay, que no resisten las heladas sin esta protección. El proceso, que exige precisión y muchas horas de trabajo, se realiza al finalizar la vendimia. Se estima que la acción de enterrar y desenterrar las vides representa entre el 30% y el 40% del costo total de producción anual.
Esto demuestra también la cultura China...
—Sí, esto lo hace parte del terroir chino y los diferencia de otras regiones vitivinícolas del mundo.
¿Encontrás similitudes con Mendoza? Teniendo en cuenta la presencia de montañas, el río, la altitud, la transformación de una zona inhóspita y desértica en un terreno fértil.
—Todo lo que mencionaste. Ningxia se caracteriza por el Río Amarillo que ha permitido el desarrollo de la producción vitivinícola y de otras actividades agropecuarias. A los pies de la montañas Helan se desarrolla la industria del vino por lo que los suelos desérticos son muy parecidos a Mendoza. Es un desierto como mencionabas, lo que hace que el clima, en cuanto a temperatura y precipitaciones, también sea muy similar. Incluso las lluvias están entorno a los 150/200 milímetros por año.
ACOTACIÓN DEL AUTOR: Donde antes solo había arena y viento, hoy florecen vides que embotellan una historia de perseverancia, innovación y visión de futuro. Un brindis con aroma a desierto… y sabor a triunfo de una sociedad resiliente.
¿Es descabellado pensar que la República Popular China pueda destronar a las grandes capitales del vino?
—No es descabellado, pero en mi opinión es bastante difícil para los vinos chinos competir con los vinos franceses, australianos, chilenos o de otras regiones vitivinícolas. Esto es debido a los precios y, como mencionamos anteriormente, a las labores culturales extras que se tienen que realizar en los viñedos. Esta técnica incrementa los costos y se traduce luego en los precios. Entonces comprar un vino chino es mucho más caro que comprar un vino francés o australiano. De todos modos, soy respetuoso de la calidad de los vinos chinos, ya que están al nivel de cualquier otra región vitivinícola. Pero, por ahora, es difícil que pueda destronar a las grandes capitales.
DATO: China es una de las tres naciones con más superficie de viñedos cultivados del mundo, con más de 750.000 hectáreas, superada por España y Francia. Aunque gran parte de esa área se destina también a la producción de uvas de mesa, el empuje de regiones como Ningxia ha mejorado notablemente la producción de vino de calidad. En 2019, el país elaboró 8,3 millones de hectolitros, ocupando el décimo puesto a nivel global.
Todos sabemos que China es una potencia del mundo, y en base a tu experiencia en otros países, ¿cómo es la tecnonología en la vinificación?
—Mayoritariamente es equipamiento europeo. Las bodegas están al nivel tecnológico de lo que está sucediendo en la enología de los principales países.
¿Cómo es trabajar en China?
—El idioma podría haber sido una barrera y no lo fue. Por otra parte, culturalmente, no está instalado el tema del vino en los trabajadores. Entonces no se ve esa pasión cómo sí sucede en otras partes.
¿Esa puede ser una diferencia con Mendoza, dónde la vitivinicultura es la industria madre de la provincia?
—Puede ser uno de los motivos. Otro es que la industria del vino en China aún es muy nueva. Está recién en auge.
A pesar que la vitivinicultura lleva 30 años, China ha evolucionado a pasos agigantados...
—El crecimiento ha sido exponencial. Siempre se ven bodegas en construcción. La región en la que me encuentro tiene un poco más de 200 bodegas, alrededor de 40.000 hectáreas de viñedos para la elaboración de vinos, y su crecimiento se centra en la calidad de los vinos elaborados.
DATO: El vino de Ningxia ha ganado terreno entre los consumidores chinos, especialmente durante la pandemia, cuando las importaciones se redujeron y la población volcó su atención al producto local. En 2020, las ventas de vino de la región aumentaron un 44,6% respecto al año anterior, consolidando un mercado interno cada vez más receptivo. Hoy esa tendencia se mantiene.
La vida en China es muy diferente a la de los países occidentales, ¿cómo lograste adaptarte?
—Quizás porque China era mi sueño. A la semana ya estaba adaptado a la vida social china. Tanto manejarme en el transporte, la gente, el idioma y hasta la gastronomía que me encanta. El ritmo es muy diferente a Argentina. Si bien vivo en una zona rural, en la capital de la provincia en la que vivo se nota la multitud de gente y un ritmo totalmente diferente. Acá es mucho más tranquilo.
¿Se nota el avance tecnológico en la sociedad?
—A pesar que vivo en una de las provincias más chicas de China, se ven los robots en los restaurantes y en los hoteles. Ves a diario los robots que cumplen la función de asistentes acompañando a las personas.
Llevás dos años en una región conocida como la “Burdeos de Oriente”, ¿cambiarías esta vida por ir a vivir a Estados Unidos?
—Me mataste con la pregunta. Hay mucho para considerar, uno es el tema profesional y otro el personal. En lo profesional siento que ya cumplí mis sueños y objetivos, como es elaborar vino en China. Fue algo soñado, no imaginado. En lo personal, tengo familia y amigos en ambos países. Los chinos son muy abiertos y amables.
Más allá que tengo eventos frecuentes en la embajada de Argentina en Beijing, me encuentro envuelto en la cultura china. Ya sea jugando al futbol o al ping pong, estoy de cena en cena y muchas veces me invitan a participar de la ceremonia del té. Puedo decir que como comida china más que los propios chinos y hasta me muevo en el transporte mejor que ellos.
Llevo una vida china plena, algo que nunca había pensado que sucediera tan rápido. Por eso está siendo un dilema poder elegir si me quedó una vendimia más o me voy a Estados Unidos.
¿Cómo ves la vitivinicultura de Mendoza?
—He visto mucha promoción y apertura de bodegas al enoturismo. No quiero meterme en política, pero hay una situación externa, como la economía, que creo que muchas veces va limitando el crecimiento de la vitivinícola de la provincia.
¿Qué mensaje le dirías a aquella persona, a ese emprendedor o profesional, que está pensando en emigrar?
—Que se animen, las oportunidades son hoy. No hay que esperar el momento perfecto, porque no va a llegar nunca. No hay que dejar de concretar los sueños. Viajar es una gran experiencia de vida, te abre la mente y te saca de tu zona de confort. El único problema es que te guste demasiado y no quieras volver.