¿Estás de acuerdo con la instalación de reductores de velocidad en San Martín?

Su instalación ha generado opiniones opuestas entre los vecinos. Especialistas dicen que pueden causar averías en los automóviles. Se reenciende el debate por la construcción de tres sistemas de frenado en la zona del Museo Las Bóvedas.

JUEVES 22 DE JUNIO DE 2017 . 00:30

Reductores de velocidad ubicados frente al museo Las Bóvedas (Foto: Este Online).

 
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Por Javier Disparti

La Municipalidad de San Martín continúa instalando reductores de velocidad con la finalidad de obligar a disminuir la velocidad del tránsito y resguardar así, la seguridad de quienes concurren principalmente al Paseo de la Patria y al museo Las Bóvedas. Sin embargo, especialistas dicen que están "desaconsejados a nivel mundial". 

Esta situación ha despertado la polémica entre quienes los ven como una solución para reducir la cantidad de accidentes automovilísticos y quienes se oponen a esa alternativa por considerar que, en algunos casos, pueden agravar la problemática y ser causantes de que se rompan los vehículos.

El primero de ellos fue colocado hace tres meses sobre la avenida Alem, frente al Paseo de la Patria, donde la comuna instaló piezas de policarbonato acompañadas de tres pequeños lomos de burro de cemento. Su instalación se realizó tras la apertura de la calzada, la cual funcionó más de cinco años como una peatonal permanente.

Lo cierto es que el debate se reencendió en las últimas semanas tras la instalación de tres reductores de velocidad sobre la calle Tomás Thomas, en la zona del museo Las Bóvedas. Concretamente, los vecinos alertaron por un número creciente de accidentes, hecho que atribuyen al exceso de velocidad y a las “picadas” que corrían los jóvenes en horario nocturno.

Tras el reclamo, la comuna decidió construir tres sistemas de frenado en un tramo de sólo 120 metros. Algunos vecinos consideran que podría haberse previsto la instalación de un semáforo en la esquina de Luzuriaga y Tomás Thomas, teniendo en cuenta la existencia de otro en el cruce con la avenida Pirovano.

“Estos reductores, por un lado, han traído tranquilidad en el tránsito; pero también son una molestia para quienes vivimos en la cuadra y debemos sobrepasarlos varias veces al día”, expresó un comerciante. Otros, en cambio, se mostraron descontentos con esta medida y denunciaron vibraciones en sus viviendas.

“Por culpa de unos, pagan todos. Acá usaban la calle como si fuera una ruta. Incluso, hace unos meses, una camioneta terminó en la vereda de mi casa”, expresó Humberto Sánchez y agregó que “los lomos han ayudado a disminuir la velocidad, pero también es cierto que pueden provocar daños en los autos”.

Desde otros ámbitos, vinculados a la seguridad vial, aseguran que no son recomendables para el tránsito. "El lomo de burro está desaconsejado a nivel mundial porque, en algunos casos, puede tener más inconvenientes que virtudes. Sin embargo, hay que entender que se han convertido en una solución sencilla para los problemas que se dan en algunas zonas urbanas", indicaron desde el Comité de Seguridad en el Tránsito.

Mientras que especialistas en la mecánica del automóvil también se oponen a este tipo de reductores. “Si venís en velocidad y lo agarras sorpresivamente, podes llegar a provocar roturas en el tren delantero, en las suspensiones o desestabilizar el automóvil”, dijo un mecánico experimentado de la calle Tucumán con historia familiar en el rubro. 

Además, aconsejaron que el sistema de suspensión de los automóviles nuevos está pensado para tener más suavidad ante los golpes. “La velocidad adecuada sería pasar a 10 kilómetros por hora. Al superarla, son tan débiles los sistemas que a más de 40 kilómetros por hora se puede romper”, añaden. 

Pero, aunque estén desaconsejados, los reductores siguen multiplicándose en diferentes ciudades. Eso obedece, en general, al escaso cumplimiento de las normas de tránsito. Ante ese problema el lomo de burro aparece como la solución más práctica para evitar accidentes viales.

Por el momento, mientras continúan las obras sobre la calle Tomás Thomas, no se han colocado carteles que indiquen la proximidad de un reductor de velocidad. Por otra parte, desde el municipio analizan la posibilidad de cambiar la dirección de un tramo de la calle Luzuriaga, para evitar que los jóvenes giren en vehículo alrededor del museo municipal.

“Estoy muy conforme con estas obras y con gusto los paso las veces que sea necesario. Sin dudas evitará muertes. Por supuesto que hubo algunos vecinos que estuvieron en desacuerdo, pero la mayoría estábamos cansados de la velocidad con la que pasaban los vehículos en una zona que se ha convertido muy transitada y concurrida”, dijo Luis Castillo.

Como sea y a pesar de las diferentes opiniones, parece evidente que no existe reductor de velocidad confiable, en la medida en que no se eduque, controle y sancione con severidad a los conductores que con su irresponsabilidad ponen en riesgo la vida de terceros. Pero también hay que educar a los peatones, ciclistas y motociclistas, principales víctimas de los accidentes de tránsito.