Por Javier Disparti
Vecinos de Palmira hace nueve años que vienen reclamando una solución ante el olor "insorpotable" que emana de las instalaciones de una planta elevadora de líquidos cloacales, ubicada en la calle Obreros Ferroviarios al 1032.
"Recuerdo que nos dijeron que en el lugar iban a funcionar oficinas para pagar los impuestos, pero hace unos 17 años construyeron esta planta como si fuera una casa más de barrio", manifestó Margarita Frías a nuestro medio.
Los vecinos aseguran que la falta de mantenimiento y el abandono de las instalaciones de la planta genera un fuerte e intenso hedor que pone en riesgo permanente la salud y la calidad de vida de los que viven a su alrededor.
"Tenemos dolores de cabeza, tos, alergias e irritación de ojos y de garganta", comentó Mónica Ortega, una de las vecinas que más sufre las consecuencias de la planta elevadora de líquidos cloacales ubicada en medio de una zona urbana.
Ante esta situación, los vecinos desde hace tiempo vienen reclamando a distintas entidades, pero sin resultados. La primera denuncia se realizó el 18 de mayo de 2005 cuando la Unión Vecinal Godoy envió una nota al Ente Provincial de Agua y Saneamiento.
Ante la falta de compromiso de solucionar este problema, los vecinos volcaron sus quejas en una carta que enviaron al Intendente de San Martín, Jorge Giménez, pero tampoco recibieron una solución a pesar de abrirse un expediente 427/2011.
El último reclamo formal fue el 29 de enero, cuando se envió una nota al titular de la Dirección de Protección Ambiental, Gonzalo Dávila. A raíz de la denuncia, el 10 de marzo, se realizó una inspección en la planta, donde Nazareth Vezzani y Silvia Cailly comprobaron la situación que padecen estos vecinos.
Al mismo tiempo, un vecino se comunicó con el concejal electo de la UCR, Alfredo Lafferriere, y acordaron una reunión frente a la planta con el delegado municipal de Palmira, Daniel Arias, y el titular de la Subgerencia de Operaciones del Interior de Aysam, Sergio Picotto.
La reunión se realizó el jueves 20 de marzo, donde las autoridades le prometieron a los vecinos que en veinte días elevarán el respiradero de la planta, recambiarán las tapas y colocarán un inhibidor de olor que debe pedirse al exterior, ya que no se fabrica en el país.
“En las noches de verano tenemos que estar completamente encerrados. Si queda algo abierto, no se puede dormir por el olor. Ya no sabemos que hacer. Es ihumano vivir de este modo”, exclamó Mónica Ortega que hace 50 años vive en ese lugar.
En tanto los vecinos con la colaboración de Lafferriere iniciarán algunas gestiones para que se realice un estudio de impacto ambiental y se pueda establecer si los gases que despide la planta son nocivos para la salud de los vecinos.
|