Por Redacción
La Cámara del Crimen de San Martín condenó a 12 años de prisión a Fabián Roque Albornoz (44), acusado de haber participado en un robo a mano armada en febrero de 2010, en el que hubo mucha violencia y hasta torturas a una de las víctimas, a quien le cortaron una oreja y la picanearon con el cable de un ventilador.
El fiscal Juan Bancalari le había solicitado al tribunal una pena de 14 años. Mientras que el abogado defensor manifestó que "los catorce años de prisión eran exagerados; un asalto a mano armada no puede pasar de los ocho años de condena porque no se trata de un homicidio".
Finalmente, ayer al mediodía, los jueces Eduardo Orozco, Salvador Arnal y Jorge Del Pópolo determinaron la condena de 12 años para uno de los protagonistas del violento asalto ocurrido en febrero de 2010 en Tres Porteñas.
Por su parte, Fabían Albornoz sostuvo en varias oportunidades que él no participó del asalto y que incluso llegó a declarar que fue torturado por policías en una celda; pero la familia Molina, víctimas del asalto, lo señaló como una de las tres personas que ingresaron a su casa.
El hecho ocurrió el 23 de febrero en el barrio Aeronáutico de Tres Porteñas, en San Martín, cuando Fabián Albornoz, Miguel Ángel Ávila y un tercero, ingresaron a la vivienda de la familia Molina pateando la puerta.
Una vez adentro encararon al dormitorio de José Luis Molina, lo alumbraron con una linterna y así, encandilado y amenazado con un arma, se lo llevaron al comedor, donde ya estaban su hermano, Hugo Molina y a un inquilino de la casa, Jorge Moya. También despertaron a la mujer de José Molina y a menores.
Como el dinero no aparecía y para obligarlo a hablar, a Hugo Molina le cortaron un pedazo de oreja con una tijera de podar; después pelaron con un cuchillo los cables de un ventilador y lo picanearon hasta hacer saltar los tapones de la luz. Parte de este maltrato fue presenciado por la mujer y los niños.
Finalmente los ladrones juntaron unos $ 6.500 y algunos celulares. Antes de escapar, a dos de ellos se les cayó el trapo con el que cubrían sus rostros y así pudieron ser reconocidos. Los demás delincuentes no fueron detenidos.
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